
Aqui estoy, en Francia.
Fueron como veinte horas de viaje en un sentido, y otras veinte proximamente de vuelta que merecen totalmente la pena.
He tenido una gran suerte por poder disfrutar de este vaje, de la cocina francesa, porque mis anfitriones son agradabilisimos, y sobretodo porque nada es como lo esperaba.
Hay una costumbre limitadora y casi triste que sufrimos muchos; estar imaginando y dandole vueltas a lo que esta por venir. Y creo firmemente que el peor crimen que podemos cometer contra nosotros mismos es no vivir nuestra existencia con verdadera intensidad, disfrutando cada minuto por lo que es y lo que nos puede dar.
Recuerdo ahora una pintura clasica oriental. Retrata juntos a los tres padres de sus principales tradiciones, el confucionismo, el budismo y el taoismo. Estan probando un vaso de vinagre.
Confucio muestra un rostro triste. Es su deber probar el vinagre, pero realmente su sabor es desagradable.
Buda tiene un rostro ecuanime pero serio. El vinagre -el sufrimiento, amigos- es parte de la vida y hay que aceptarlo cuando viene.
Es el tercero, Lao Tse, el unico que sonrie. Esta alegre porque tiene la oportunidad de saborear el vinagre, y el vinagre esta bueno. Siempre y cuando no le pidas al vinagre que sepa de otro modo que no sea el suyo.
Bueno, pues estos dias me estan dando mucho que pensar. No porque lo pase mal, sino porque en un ambiente extrano me siento estimulado a examinar cada cosa, instante y persona y disfrutarlo lo maximo posible. Y se me estan ocurriendo algunas ideas sobre temas que tenia bloqueados.
Sera la cocina francesa?
Sera cosa de la aventura?
O sera que estoy por fin de vacaciones?
Sea como sea estar merece siempre la pena, incluso cuando pasas por dias tristes como los anteriores al viaje, cosas buenas estan siempre por llegar.
Un abrazo