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domingo, noviembre 23, 2008
Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo
El 3 de junio de 1992, la pequeña Severn Suzuki, de 12 años, hizo enmudecer a los mandatarios de Naciones Unidas presentes en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. Su discurso, sencillo y directo, puso a los políticos ante sus propias contradicciones e hizo sonrojar a más de uno. A pesar de los años que han pasado, sus palabras siguen teniendo una fuerza brutal, mucho más efectiva que algunas reiteradas advertencias sobre el cambio climático:
“Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen. No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo devolver a los salmones a aguas no contaminadas. No saben cómo resucitar una especie extinguida. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.
Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de romperlo”.
Muchos conocíais la historia, que ha aparecido en varios blogs, entre ellos No indiferencia y Fogonazos, de donde lo he tomado. El discurso completo podeis leerlo aquí.
sábado, octubre 11, 2008
Bistecs, gurus, lluvia y el Ego
Hace ya dias que no escribo en el blog. Eso siempre es indicativo de que estoy muy liado o descansando completamente. En este caso han sido las dos cosas al mismo tiempo, y un sentimiento de incertidumbre que no ha pasado desde que volví de Berlín.
Hoy estoy en casa, bebiendo infusiones, comiendo suave y vagueando un poco. Entre la lluvia y toda una tarde gritando por teléfono -cosas del trabajo- estoy acatarrado. En esta tierra desertica lo excepcional de la lluvia hace que nos la tomemos muy en serio. El tráfico se atasca, nos quedamos en casa e incluso nos resfriamos.
Este no era el plan de sábado previsto, pero salir en barco con marejada no habria sido buena idea. Tampoco es tiempo de visitar a amigos con niños muy pequeños ni ir de senderismo. Paciencia, que es la madre de la ciencia, sobretodo si aprovecho estos ratos para estudiar.
¿Los bistecs? El otro dia invité a comer a mi profe de Kundalini, por todas las clases gratis en la terraza de su casa, y para mi sorpresa ese hombre barbado y yóguico se zampó un bistec. Juraba que hacia cuatro años que no hacia algo asi... Yo me dejé llevar y me comí otro, delicioso pero que me apañó el estomago para las siguientes 24 horas. Durante la comida la conversación no fue menos desconcertante.
Los últimos años he sido más y más consciente de mi ego, esa voz en la cabeza que continuamente recuerda lo pasado, fantasea sobre lo bueno y malo por llegar, y se está comparando con los demás. La que en las epocas malas te machaca, y no puede evitar interrumpir los mejores momentos con observaciones intrascendentes. La "radio" que retransmite todos los momentos de tu vida, aunque tu ya estés allí, viviendola.
Ser consciente de ella me ha liberado de parte de esa carga. Se que esa voz es solo eso, no soy yo, o al menos es solo una pequeña parte de mí. Que las cosas son lo que son, y darles vueltas no las hará mejores. Y que recontar una y otra vez mis problemas solo les dará una mayor dimensión, y no contribuye a resolverlos.
A veces me descubro a punto de hacer o decir cosas que no solo no me favorecen, sino que realemente no deseo. Sentirse implicado o incluso señalado en conversaciones, problemas o circunstancias ajenas. Tomar partido cuando nadie lo ha pedido ni necesita. Clasificar interminablemente las cosas en buenas, malas, odiosas o necesarias.
Quien está ahí es el ego, un fuego que teme apagarse, una fiebre llena de miedo a callar, es decir, a morir, y hace lo que puede para mantener conflictos, tensiones, preocupaciones y demás, igual que el campesino abona los campos que le darán de comer.
Los maestros budistas, ese tipo tan agradable llamado Eckhart Tolle, e incluso los antiguos taoistas hablan de este ser que nos habita. De como nos arrastra lejos de lo que está pasando realmente, nos envenena con miedo y conflicto, y sobretodo, impide ver las cosas como son usando los espejos deformantes de la arrogancia o la baja autoestima.
El mensaje de mi profesor de Kundalini era distinto. "Yo - me decia- se que casi todo lo que digo, igual que tu, lo digo para mi mismo. Como me he levantado hoy o lo bueno que soy haciendo cualquier cosa no es algo que nadie necesite saber. Y sin embargo lo decimos, para extender nuestra existencia en el ambito de los demás, para vivir atraves de ellos. Ese es mi ego hablando.
En el Kundalini - continuaba- se considera que no somos seres únicos, sino que estamos compuestos de diez partes o cuerpos. Uno de ellos es el ego. Es una parte de mi. Suprimirla es negarme, quitarme una parte, ser otro distinto. Por mi parte intento que no tome decisiones que me comprometan, pero trato de aprovechar su energia, su viveza, ya que está aquí."
Hace tiempo que me enfado conmigo mismo por no hacer siempre lo que pienso que debo hacer. Por tener dias regulares, desear en ocasiones estar solo, o hacer tonterias, como todos. Un dia o dos antes de esta conversación habia comenzado a pensar que debia comprender en mi agenda esos dias, para que no me reventaran mis planes. Aceptarlos. Aunque la idea de darle cancha al chucho que llevo dentro me parece enfermiza.
Aun no lo tengo claro. No he superado mi ego, el camino es largo y lleno de vueltas. Y en el los conflictos y luchas conmigo mismo no me favorecen. No quiero hacer tonterias por impulsos como hincharme a comer, dejar pasar las cosas o retrasar mis obligaciones para estar todo el dia viendo series o leyendo. Pero tampoco tiene sentido una existencia puramente planeada, diseñada.
Aquí estoy. Reconociendo más partes de la máquina. No muy contento de tener duendes en el sótano, pero intentando ponerlos a trabajar en lugar de pelear con ellos. Dejandoles algo de cancha para que no se revelen y tomen el control totalmente, y esperando que poco a poco pierdan fuerza, o mejor, sea cada vez más el observador, la parte de ti que no tiene prisas ni miedos, esa que sabe apreciar una puesta de sol o una tarde de lluvia, la que asuma más y más mi vida.
lunes, abril 28, 2008
Paradojas, de Eduardo Galeano
Si la contradicción es el pulmón de la historia, la paradoja ha de ser, se me ocurre, el espejo que la historia usa para tomarnos el pelo.
Ni el propio hijo de Dios se salvó de la paradoja. Él eligió para nacer, un desierto subtropical donde jamás ha nevado, pero la nieve se convirtió en un símbolo universal de la navidad desde que Europa decidió europear a Jesús. Y para más inri, el nacimiento de Jesús es, hoy por hoy, el negocio que más dinero da a los mercaderes que Jesús había expulsado del templo.
Napoleón Bonaparte, el más francés de los franceses, no era francés. No era ruso José Stalin, el más rusos de los rusos; y el más alemán de los alemanes, Adolfo Hitler había nacido en Austria. Margherita Sarfatti, la mujer más amada por el antisemita Mussolini, era judía. José Carlos Mariátegui, el más marxista de los marxistas latinoamericanos, creía fervorosamente en Dios. El Che Guevara había sido declarado completamente inepto para la vida militar por el ejército argentino.
De manos de un escultor llamado Aleijadinho, que era el más feo de los brasileños, nacieron las más altas hermosuras del Brasil. Los negros norteamericanos, los más oprimidos, crearon el jazz, que es la más libre de las músicas. En el encierro de la cárcel fue concebido Don Quijote, el más andante de los caballeros. Y para colmo de paradojas, Don Quijote nunca dijo su frase más célebre. Nunca dijo, ladran sancho, señal que cabalgamos.
Te noto nerviosa, dice el histérico. "Te odio", dice la enamorada. "No habrá devaluación" dice, en vísperas de devaluación, el ministro de Economía. "Los militares respetan la Constitución", dice en vísperas del golpe de estado el ministro de Defensa.
En su guerra contra la revolución sandinista, el gobierno de los Estados Unidos coincidía, paradógicamente con el Partido Comunista de Nicaragua. Y paradójicas habían sido, al fin y al cabo, las barricadas sandinistas durante la dictadura de Somoza: las barricadas que cerraban la calle, abrían el camino.
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