Esta noche debiera no hablar del silencio, pero incurriré en la contradicción formal que es intentar describirlo con palabras.
¿Que es el silencio? Según el diccionario RAE es fundamentalmente la abstención de hablar, o la ausencia de ruido. Para mi viene a ser algo similar; la ausencia de mensajes y de información, ninguna comunicación que deba ser recibida o enviada. Como mensaje puede ser cualquier cosa, también el ruido o los sonidos apremiantes como timbres de teléfonos o motores de coches.
Así, para mi es el silencio un vacio, una discontinuidad en el flujo de la información. Silencio podria ser también el que se produce cuando cerramos los ojos, cuando giramos el pasador de una puerta y dejamos fuera un mundo de urgencia y actividad. Probemos a hacerlo mentalmente por un segundo. Preparate para dejar de leer y de atender nada más que la negrura tras los párpados, y cierra los ojos unos segundos...
¿Que has sentido? No puedo hacerme una idea exacta, pero en tan breve tiempo puede que no halla saltado ningún pensamiento, al menos hasta que has decidido abrirlos y seguir leyendo. Por un instante no ha habido nada en el mundo. Luego la tensión en los párpados, el roce de las manos sobre el regazo o la mesa, la oscuridad relativa de tener los ojos cerrados y mil ruidos de los que hace un minuto eras vagamente consciente, ahora más intensos y apremiantes.
El silencio ha aumentado por un instante un montón de sensaciones que antes estaban por debajo del umbral de percepción. Creamos un hueco en nuestra mente que ha sido llenado de nuevo muy pronto. Un vacio en el que sacar mensajes e ideas, en lugar de recibirlos, descargándonos de su peso y haciendo lugar para nuevas cosas.
El silencio real es tan raro como difícil de afrontar. Solo me he acercado alguna vez, como cuando estuve unos dias solo en el monte, sin ver a nadie. Antes de aquietarse, mi mente se llenó de ideas y agitación, un fluido expandiéndose para adaptarse a un recipiente mayor. Cuando pasaron suficientes horas empecé a relajarme realmente y el dia siguiente, aunque se escuchaba el ruido de los insectos, del viento y de los aviones en el cielo, fue de los más tranquilos y agradables que recuerdo. Ideas y sensaciones que estaban muy por debajo de mi nivel de funcionamiento habitual se hicieron reconocibles, algunas de ellas tan sencillas y constructivas que me sorprendió no haberlas pensado antes.
¿De donde venian? Nadie las habia traido de fuera, sino que ya se encontraban allí, y formaban parte de ese yo que nunca duerme y al que solo escuchamos en los momentos de máxima paz o cuando soñamos.
¿Existe el silencio entonces? No lo sé, la misma materia y su continuidad son una ilusión perfectamente válida a nivel cotidiano, y la naturaleza busca siempre el equilibrio, llenado lo que está bajo y vaciando lo que se encuentra arriba. Si deseamos estar llenos entonces deberemos vaciarnos de prejuicios, hacer hueco a nuevas ideas, dejar hablar a los demás. Y eso lo conseguimos con silencio. Que no siendo nada, vale más que el oro.
Esta noche he terminado "Volver a empezar", de Ken Grimwood. Un hombre muere de un infarto para despertarse veinticinco años antes, cuando aún es un estudiante con toda la vida por delante. ¿Repetirá los mismos errores, encontrará la felicidad o será capaz de comprender que es lo que le ocurre?
El libro me ha gustado mucho, tanto como para venir aquí a recomendarte que lo compres, lo busques en la biblioteca de un amigo o de tu localidad, o hasta que lo robes... Y también me ha revuelto un tanto las ideas.
Pensemoslo un poco... ¿que necesitamos para volver a empezar? ¿Para seguir intentándolo, para continuar en la brecha?
No es realmente mucho lo que hace falta - aunque en algunos momentos nos parezca tanto- cada segundo es uno nuevo, cada silencio es una oportunidad para llenarlo de palabras, o mejor aun, de escuchar.
Tengo miedo de muchas cosas, la mayor de ellas de vivir, o sea de morir a trozos al intentar nuevas cosas y fracasar, pero siempre hay otro momento, otro tren que parte, otra oportunidad de volver a empezar, o mejor aún, de continuar.
El nuevo orden de mi universidad y de Bolognia es que tras la convocatoria de Junio viene la de Julio. Los estudiantes y profesores echan el resto durante un par de meses para llegar al verano sin deberes ni examenes pendientes.
Así, llevo muchas semanas al borde del último examen, pendiente de la fecha en la que mágicamente me quitaré la responsabilidad de los estudios durante todo el verano. Mientras, todo lo que no forma parte de la trilogia fundamental, trabajo, pareja y salud, lo he dejado a un lado. Incluido el blog.
Y estoy cansado. Conforme se acerca la fecha, el último examen, parece que ese momento se hincha, se vuelve eterno. Pero es solo una ilusión. Cada minuto dura siempre sesenta segundos. Pronto me levantaré y todo estará terminado, por unos meses. Espero recuperar los cafés, las salidas e incluso el aburrimiento. Ver si hay que me satisfaga aparte de fumarme clases y preparar corriendo los examenes.
Mientras, ese minuto de la verdad, ese último examen se va acercando, creciendo y creciendo. ¿Será realmente esto lo que me hace sentirme vivo?
Llevo un largo tiempo sobrepasado por las circunstancias, arrebatado por la corriente de las horas y los dias. En circunstancias así, para flotar y no ahogarse es necesario aligerar peso, vaciarse los bolsillos y tener las manos libres.
Luego, un dia llegas a la orilla, o te encuentras en aguas más serenas, y tienes tiempo para mirarte y ver lo que has perdido, aquello de lo que te libraste y te vino bien, pero también las cosas que merecían la pena conservar.
Miro atrás y comprendo que dejé de escribir porque pensaba que no mereciera la pena, porque no me apetecia contar lo que me pasaba por la cabeza, no lo veia importante u original, digno de ser publicado, merecedor del papel, del tiempo y el esfuerzo.
Hoy lo miro y veo que no era necesario compartirlo. Que no eran cosas importantes para enseñarlas y presumir o dar lecciones. En absoluto.
Pero también veo hoy, que escribir en este blog, o en un trozo de papel de viejo, o pensar mientras haces cualquier cola, es hacer un espacio privado, un tiempo propio. Un hueco del día casi fuera del día, una parte de mi vida a la que mimé en ocasiones y respeté con frecuencia, más de lo que me solia respetar a mi mismo.
En esos ratos, como ahora, me ponía a escribir, y leía y releía lo escrito, y al final, incluso entendia lo que pasaba por mi cabeza. Y así se aclaran los pensamientos y sobretodo, los sentimientos. Es un modo extraño de escuchar al corazón, pero me temo que sigo siendo bastante mental. Y escribir es como pasear, como mirar las nubes o hacer el amor, un tipo de meditación que no necesita de maestros o guías.
Así que aquí estoy, de vuelta, no se por cuanto tiempo, pero en este momento preciso que es el ahora. Buscando y encontrándome cuando soy capaz de ello.
Esta semana me examiné de Bioquímica. Es el segundo año que me matriculo, el año pasado se me cayó la asignatura del calendario pero este curso más me vale sacarla y evitar pagar nuevas matrículas.
Curiosamente, la materia crítica de esta asignatura es el ciclo de Krebs. Me suena, me tocó estudiarlo en el instituto, y también cuando estudié Ciencias Químicas, y luego en Fisioterapia, pero para ser sinceros, nunca me lo aprendí. Supongo que por cabezoneria, o por miedo a tantos nombres extraños y el esfuerzo que requiere. De modo que siempre me estudié a fondo el resto de la materia y pude pasar de puntillas, bastante satisfecho de salirme con la mia, pese a los aprobados algo justos y seguir sin tener ni idea.
Y años después, la vida y los temarios académicos me presentan por cuarta vez - quinta ya este curso- ante el dichoso ciclo. Y solo tengo dos opciones, quedarme en la orilla o aprenderlo. Y esto me ha dado que pensar.
El karma puede ser visto de muchas maneras, la más usual es entenderlo como una justicia cósmica que castiga o recompensa nuestras acciones. Otro modo de verlo es como un "Destino", un camino vital que se aguarda para ser recorrido. Una serie de puntos críticos o de experiencias que a modo de preguntas en un examen estructuran nuestra biografia.
Dice algunos que las lecciones que no se aprenden están condenadas a repetirse. Quien no es capaz de decir "no", tendrá problemas hasta que aprenda a decirlo. Similarmente pasa con las relaciones personales, con los miedos o problemas en general. Son pruebas que hasta dominarse reaparecerán una y otra vez en nuestra vida y que tras resolverse van desapereciendo o dejando de tener importancia, dejando lugar a otras.
De modo que si no me pongo en serio, si no soy valiente y aprendo el ciclo de Krebs, estoy condenado a seguir escurriendome, o quedarme en el anden y ver escapar al tren de la carrera. E igual con la vida.
Aquí estoy, condenado a aprender de mis actos y mis consecuencias...
Regresé a mi oficina de todas las semanas, he vuelto a pasar un buen rato hipertexteando por la red y me he encontrado con esta foto de Rolfe Horne.
Y he vuelto a pasarme por aquí...
Ahora responder comentarios de hace cinco meses, sentir culpa por no haber estado, perdonar y darme cuenta de que ¡diablos! dejé de estar porque no me apetecia, y no se si mañana voy a seguir vivo o si volveré a escribir aquí.
Han pasado cinco meses.
La carrera de Fisio que terminé hace unos meses ahora está mucho más terminada, porque tengo un papel que lo dice.
Sigo casado... Y bastante más feliz que antes, o menos estresado. Un perro viejo aprende nuevos trucos pero necesita meses.
Mi entorno familiar ha sufrido cambios muy importantes, difíciles de contar aquí pero que aunque dolorosos han resultado positivos. Ningún mal ni bien dura mil años.
No medito todos los dias. Sigo vivo y a veces pienso, y a veces medito. No se si soy capaz de hacer algo todos los dias. Excepto respirar. Y comer. Aunque no desayunar.
Y estoy bien, sobre todo si no hago caso a la prensa y me olvido de todas las ridiculas cosas que me pueden preocupar.
Y me encanta haber vuelto. Aunque puede que mañana no llegue nunca...
Empiezo los exámenes del primer cuatrimestre mañana, y solo se que los he dejado para el ultimo momento. Este año me ha apetecido poquísimo estudiar, menos incluso que en años anteriores.
Mi mente es como un mono que se pierde por las ramas al mínimo ruido. Si os parece adecuado, probad a seguir el vídeo y aquietar vuestros pensamientos, seguro que el rato que el pensamiento tarda en regresar a plena potencia resultan satisfactorios e interesantes. E incluso podeis estudiar o trabajar mejor.
Aquí me hallo, siguiendo el mapa, buscando pistas en el dia a dia para llegar en alguna hora futura a mi destino. No siempre camino en dirección a ese crepúsculo añorado. Ir al super, sonreir mientras trabajo, escuchar con atención cuando regresa cansada del trabajo, preparar la comida no son modos de ir a ninguna parte si tus sentidos no son extremadamente agudos. Son solo estar, lo que no es poco.
Pero si tu sensibilidad no está embotada verás que las mismas señales aparecen una y otra vez, solo aparentemente confusas, secretamente ordenadas, y que una tenue brisa te indica la dirección. El miedo me lastra todos los dias, y el cansancio también. Pero se que aunque tema hacer círculos estoy viajando, aprendiendo, trazando espirales en el mapa que me llevarán algun dia a saber donde estoy, quien soy, que es lo que significa esto...
Ese dia todo tendrá sentido, y el mapa y yo seremos lo mismo.
Hoy he encontrado en esa inmensa cadena de palabras que es la red, el nombre de uno de mis mayores problemas existenciales. Procrastinación. En el lenguaje corriente, dejar para mañana lo que no te apetece hacer hoy.
Soy una persona bastante activa, o lo he sido, pero como a mucha gente, me alivia secretamente dejar aquello que no me gusta o que me da miedo, para después. Después, ese lugar en el tiempo que endulza, con el almibar de la culpabilidad y la anticipación del esfuerzo, el momento presente. Como darse una vuelta más bajo el edredón calentito en una mañana de invierno, dejando para el yo del futuro -ese que no eres tú, aún- la tarea de enfrentarse a un mundo helado y lleno de responsabilidades.
La procrastinación es el ladrón del tiempo. Y así, como un furtivo mefistófeles, te exigirá en el futuro tu paz, tu éxito, la oportunidad que vendiste por una tregua más en el deber.
¿Son demasiados los deberes, los compromisos, las exigencias? Lo mismo sí, aunque algunos pueden y poco a poco voy renunciando a ellos, y otros no se puede o no se debe renunciar a ellos, porque entonces, si somos lo que hacemos, apenas seriamos nadie.
Procrastinar es una palabra curiosa, interesante, casi bella en sus multiples "erres". Mientras disfruto de su belleza, ¿estaré escribiendo para evitar hacer otra cosa...?
Ignoro por cuanto tiempo pisaré esta senda, y solo sé seguro que me he de perder de nuevo. Pero la vida es tridimensional, no está atrapada en una plana hoja de papel.
Si no perdemos la perspectiva por el desánimo, nos daremos cuenta de que no existen los circulos viciosos, sino que en el mejor y peor de los casos nos movemos en espirales. Volveremos a caer y a triunfar, a dormir y despertar, pero jamás esteremos en el mismo nivel que ayer, aunque solo sea porque el tiempo nos hace avanzar por su escalera.
Así, vuelvo a recordar mis sueños, a veces percibo casualidades que forman parte de esquemas tan amplios que no pueden simplemente serlo, y estoy volviendo a meditar. Eso sí, descalabrado como estoy del sentimiento de gracia y de las alturas, he tenido que empezar de nuevo con humildad. No soy hoy aquel que se subia a la montaña a buscar la trascendencia, pasaba horas meditando y contemplando, esperando la recompensa de un sentimiento, una visión más clara o un misterio por entender.
Mi mente es otra vez un mono inquieto que me arrastra de un punto a otro, más interesado en las luces y adornos cambiantes que en la permanencia del cielo y la tierra.
Soy pequeño, y aunque la espiral del tiempo me salva de cometer alguno de los errores del pasado, me busca otros nuevos para poder aprender de nuevo. Siento que debo meditar, pero he perdido el entrenamiento mental y físico. Mientras tomo de nuevo el sendero de un pensamiento claro y en paz, sin miedo, he tenido que adoptar la cuesta más suave, la forma más sencilla de meditación, para no agotarme.
Cierro los ojos, y en la cama o en el bus, comienzo a respirar por la nariz. Cuento la primera espiración, intento estar atento a la entrada siguiente del aire y su salida para no dejar hueco a otros pensamientos, y cuento la segunda. A los pocos alientos mi mente se pierde en otras cosas, pero vuelvo a contar desde uno, hasta que las fuerzas y el interes se agoten.
Mañana continuaré, espero. Solo puedo esperar, sin obligarme o culparme, que llegue a contar quince o cien, a cinco minutos o media hora. Si vuelvo a perderme en esta sesión o si no vuelvo a hacerlo, no importa. Otro dia mi camino continuará por aquí, si es posible, si es lo que debe ocurrir.
Mientras, solo importa dar lo mejor con cada aliento, en ese universo diminuto y sin limites tras mis ojos cerrados. Tomo aire y cuento.
Me he casado, y me he ido de honey moon a los USA.
Me he quemado los labios con la deliciosa pizza de a 1 dolar en Broadway, he desayunado una montaña de panqueques a las cuatro de la madrugada en Las Vegas, y comido judias a lo pionero en un rancho de juguete.
Y he vuelto a casa, con el tranquillo cogido a New York y a las Vegas, con ciertas ganas de regresar a estas tierras y más aún de volver a la mia. Lo bueno de desear lo casi inevitable es que sueles salir recompensado, y ya estoy en mi tierra, en mi casa, con mi novia, perdón, esposa.
Los primeros días se fueron en devolver los turnos extra que me cogí para tan largo viaje, y ahora se trata de organizar eso tan tonto y tan simple que es la vida. No toda mi vida, afortunadamente, sino el trocito que tengo a mis pies. Y menos mal, porque si no el vértigo me alcanza, me mareo y tengo ganas de acostarme para salir mañana.
Que es lo que voy a hacer. Que no voy a hacer, y lo que haré pese a desear quitarlo de mi rutina y todo lo que faltará de mi vida cotidiana por las mismas razones. Esa franja, ancha o estrecha si la miras, que es la realidad, la verdad, el universo. Vivir.
Y así, no quiero mirar lo que puede ser, como un libro que se te abre por el final, como una predicción para el sabio. No miraré mi vida y dejaré que crezca en la luz de la luna y las estrellas, que mañana por la mañana me sorprenda el camino, me lleve a donde me lleve.