lunes, noviembre 10, 2008

Un mundo de dolor





















En este mundo existe el dolor. Nos acompaña desde que nacemos y quizás hasta nuestro último aliento.

Es algo terrible que compartimos todos los seres vivos, y contamos entre los mayores temores y adversidades. Existe el dolor fisiológico, que viene de enfermedades o heridas, y también el emocional y psicológico. El que nos produce equivocarnos, la soledad, el desamor, o contemplar en el telediario que el mundo es lo contrario a nuestras creencias y esperanzas.

Este mundo está lleno de dolor. Para evitarlo tomamos precauciones, píldoras, sufrimos miedo, y buscamos la ayuda de médicos y de guías. Buda, que era pragmático y creía imposible una existencia sin dolor, recomendó aceptarlo como parte de la vida. Para él, negar el dolor y pretender evitarlo a cualquier precio reduciría una dimensión completa de la existencia, quitando tanto como nos habría dado el dolor. Jesús nos habla del dolor propio de este mundo, de esperanza y de un fin para el sufrimiento en el reino de los justos.

Sea como sea, el dolor está aquí. ¿Por qué existe? ¿Hay algún beneficio en él o es algo enteramente perverso? Indudablemente es un maestro rápido y efectivo. Las palmetas de profesores, los látigos de esclavistas, el azote de la madre o el sufrimiento de caminar sobre una pierna rota, el dolor nos empuja a adaptarnos a la situación. Para un enfermo de cáncer o de fibromialgia lo hace participe del deterioro de su cuerpo.

Pero, ¿qué es? Nada de lo que he escrito aporta nada nuevo. Para intentar alcanzar alguna conclusión diferente tendré que hablar desde mi experiencia, sin ser objetivo, sin poner distancia entre el dolor y yo.

En mi vida, como en la de todos, el dolor tiene un lugar muy importante. De hecho, la mayoría de mis momentos importantes están llenos de dolor. Veo esos momentos de crisis, sin embargo, como la puerta necesaria para llegar a etapas más satisfactorias de mi existencia. Eso no quiere decir que el dolor no exista antes ni después de estos momentos, sino cada vez que he necesitado crecer, cambiar mi vida, he experimentado un diferente y profundo dolor. Como en el parto, desprenderme de mi vida anterior, de esa piel muerta, para alcanzar el siguiente escalón.

La analogía no es casual. ¿Sabéis que es una tormenta? Es la atmósfera intentando equilibrar dos partes de ella misma que presentan grandes diferencias. Por ejemplo, una masa de aire húmedo y cálido del mar Caribe y otra masa de aire frio que viene del norte. La diferencia entre ellas, y entre la masa templada de aire en que se convertirán tras la tempestad, es lo que produce un huracán de fuerza devastadora. Del mismo modo, si se introduce una mano helada en un baño caliente, sentirás un dolor similar al de quemarte, por la mera diferencia de temperaturas.

Si te golpeas suavemente una pierna, probablemente no te duela, pero si es un golpe más fuerte el dolor aparecerá seguro. Del mismo modo, una separación consensuada y deseada por los dos miembros de una pareja no produce el mismo dolor que ser abandonado o perder a tu compañero por accidente o enfermedad.

¿Que ocurre entonces? El dolor es en todos estos casos la manifestación de una falta de equilibrio, de la confrontación o cambio entre situaciones divergentes y el reajuste necesario. El dolor no es algo por si mismo. Es la expresión que notamos porque estamos vivos, de que las cosas no están bien y se está produciendo un profundo cambio para volver a la estabilidad.

Duele la pérdida de alguien o algo, y pasar de tener a no tener. Duele un cuerpo enfermo o herido porque su estado natural es la salud. Duele ver que el mundo no es como creemos que es o debe ser. Pero el dolor no es nada. Es la sombra provocada por un objeto entre el sol y nosotros. Es el dedo que señala la luna, pero no es la luna. Es una señal o el modo en que nosotros entendemos que las cosas no están bien, incluso que están arreglándose rudamente.

He sufrido, sufro, y no dudo que el dolor me espera, allí donde tenga que aprender o crecer más rápido que al ritmo natural y lento de todos los días. Cuando mi cuerpo cambie su estado del equilibrio – la salud- a otro distinto. Y cuando exista un conflicto entre mi mundo interior y el que está fuera de mi.

No creo que en este mundo exista nada porque sí, por pura maldad y sin razón alguna. Ni el dolor, ni la gente confundida, ni la que está convencida de poseer la verdad.

El mundo está aquí, y es tan nuestro como nosotros somos suyos. Podemos entenderlo, buscar el equilibrio o que este ocurra a pesar nuestro, con dolor. Sea como sea, el mundo y nosotros mismos, pasadas ya la tormenta y el sufrimiento habremos alcanzado de nuevo la paz. Cada vez que sea necesario.

11 comentarios:

violetta dijo...

Una señal inequívoca de que el concepto DOLOR no podrá recibir una descripción meramente decente, es el hecho de que es una situación en la que no pensamos cuando no la padecemos, por eso, cuando la sufrimos, la consideramos como lo mas trascendental.

Otro rasgo del dolor, es el recuerdo que deja; lo magnifícamos, y ante la mera sospecha de su retorno nos olvidamos que fuimos capaces de sobrellevarlo.

Como siempre, un placer leerte.

Un abrazo.

Coquelicot dijo...

La primera foto de tu blog que no me ha gustadoooooooooooo, es que ya no puedo ni seguir leyendo...

Ashbless dijo...

Pues es un parto, querida Coquelicot. No te digo más.

Besos

Ashbless dijo...

Gracias por pasarte por aquí Violette.

Me decia una madre con varios hijos que si no hubiera olvidado en cada ocasión lo doloroso que es dar a luz, no habría tenido más que el primero.

La memoria es ficción, lo cierto es lo que ocurre en cada momento. El miedo nos puede paralizar, pero siempre somos más valientes de lo que puede pensarse, aunque duela.

Un abrazo

Ashbless dijo...

y además un parto de lo más exitoso...

Besos

Artea dijo...

Una capacidad de aprendizaje brutal tiene el dolor.

No hay nada como él para concentrar cuerpo y mente en un solo punto.

Puedes estar divagando media vida. Pero en el momento en que un dolor intenso te sacude una pierna o la espalda, tu cuerpo y tu mente quedan a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e atrapados por él.

Y sin escapatoria posible hasta tanto su intensidad sea "asumible" por el organismo.

Si fuéramos capaces de concentrar voluntariamente ese potencial, nada podría pararnos. :P

Yo creo en el poder curativo del dolor, y no solo por lo que el refranero ya nos deja entrever.

Un saludo Ashbless

Calle Quimera dijo...

Conozco personas que, como Buda, y seguramente sin casi conocerlo, integran el dolor en su vida, se niegan a intentar olvidar nada de lo que les produjo ese dolor. Hablo del que aqueja al alma. Dicen que lo único que les queda de las pérdidas que sufrieron es ese dolor, y a él se aferran para que no se diluya en el aire lo que perdieron, al no quedar ni eso de ello.

Sé que el dolor es algo inseparable de los seres vivos, pero me cuesta trabajo admitirlo. No puedo evitarlo...

Besos, Ashbless. ¿Y tu hermano, qé es de él? Dale un besote de mi parte.

lughnasad dijo...

Bajo mi humilde opinión, uno de los problemas del dolor, es que paradójicamente, nos aferramos a él como un clavo ardiendo. Ese dolor queda como una forma de recuerdo, si no siento mucho dolor es que no era importante, para que sea muy importante debe producir mucho dolor, y entramos en una espiral malsana de dolor y sufrimiento que no es beneficiosa.
Lo mismo ocurre con la felicidad.

Ashbless dijo...

Artea, tienes razón respecto a la capacidad de enseñar y centrarnos del dolor. Quizás su "tarea" real sea esa, señal de alarma o sirena de gran capacidad para avisarnos de lo que no está equilibrado, de lo que falla.

De todos modos el dolor es como el miedo, no hay que temerlo o prestarle atención a él, sino a lo que lo causa.

Un abrazo.

PD: creo que algún maestro ZEN decia aquello de que el dolor en zazen puede ser una ayuda mayor que muchas otras cosas...

Ashbless dijo...

Avalon, personas como aquellas de las que me hablas viven dentro de sus mentes. Están cerradas a aquello que no sea su sufrimiento, de manera voluntaria o involuntaria. Como en un laberinto viven, y el resto del mundo es solo un espejismo. Así, entre recuerdos casi reales y una realidad casi olvidada, lo único que los hace sentir con intensidad, lo único que les hace saberse vivos es el dolor.

Podemos negar el dolor, los elefantes y las serpientes. Pero continuan ahí. Nos han mentido tanto, nos han inventado un mundo tan irreal, que lo raro es que nos veamos entre nosotros.... Bueno, la verdad es que casi nunca vemos a los demás; solo los imaginamos.

Besos

PD: Mi hermano está en su propio laberinto. Ignoro si perdido o haciendo mantenimiento de las esquinas y los comederos de los minotauros. Si algún dia de estos sale, podré responderte.

Ashbless dijo...

Lugnashad, tienes también razón.

Me temo que eso es una muy humana miopia, ese confudir el dedo que apunta la luna con el satélite, el precio con el objeto, el beso con el amor.

Al final, ciegos como solemos vivir, olvidamos a nuestros amantes, pero recordamos la felicidad y el dolor. Lo que es una boberia, por muy humano que sea.