jueves, agosto 10, 2006

otra mañana



















Me he levantado hace un rato. Ha sonado el despertador del movil, he puesto la alarma a repetirse en diez minutos y he regresado a la cama, tras apagar el despertador normal.

Ya no me quedo profundamente dormido, pero pasan tres minutos hasta que compruebo que no se me ha hecho tarde, y vuelvo a cerrar el ojo para recoger despues el segundo aviso del movil. Y ya estoy definitivamente despierto.

No estoy fuera de la cama. Eso no es posible aún. Mi cuerpo carece de los suficientes glucógenos y miembros para aguantar de pié más de dos segundos. Dejo que pasen dos, tres minutos, cinco o quizas seis mientras las valvulas de radio de mi cerebro se calientan.

Al rato llego a un punto de crisis. Ha pasado otro minuto, y si no me levanto, no podré afeitarme, lavarme y llegar a tiempo.

Ya no puedo desayunar -en cinco minutos- pero si soy fuerte podria hacer las tres cosas que he pensado.

Lo hago. No me corto al afeitarme, me doy una ducha tibia en agosto, porque me he levantado muy espeso, y mientras el agua se calienta, la nueva pasta de dientes me inunda de espuma la boca.

Desayunaré en el trabajo, lo cual es más sano según me explicaron unos amigos vegetarianos, porque el sistema digestivo tiene tiempo para despertarse. Claro que con el sueño que llevo, quizas tarde unas horas en tomarme el yogur.

Me echo en la mochila cuatro bananas, dos danones blancos azucarados, dos multizumos con leche y cereales vitaminados y una lata de lentejas litoral. No exactamente equilibrado, pero ultimamente no encuentro tiempo para cocinar.

Y es que llevo una semana, desde que volví a trabajar el miercoles de la semana pasada y todo empezó -lo mejor empezó- a torcerse, a deslizarse bajo mis pies. La combinación es peligrosa, turnos de trabajo de doce horas, no ver a casi nadie excepto compañeros de trabajo y un amigo el lunes, y la perspectiva de no tener otro dia libre hasta el martes de la semana que viene.

Se me han juntado doce turnos de doce horas en catorce dias, problemas y la soledad de agosto.
Pero los turnos de trabajo los puse yo, agosto siempre ha sido así, y los problemas a veces tienen que llegar para tener una solución.

Soy capaz de resolver incidencias infmáticas, ir al gimanasio -ayer estaba reventado y pasé- discutir, mirar fotos en Flickr y las bicicletas que me cruzo en la calle, pero el agotamiento está presente.

Supongo que es tener varias cosas en el aire al mismo tiempo, y tener que mantener la atención dividida lo que me lleva cansado.

Mientras, llueve en agosto, escribo un cuento por fín que me satisface, pienso, pienso mucho, y me acuerdo de muchas cosas.

Pienso en muchas metáforas para explicar lo que pienso y lo que siento. Metáforas con bicicletas, con caminos, incluso con barcos...

Un amigo me ha dejado toda la serie Sexo en Nueva York, y me he acabado enganchando, no sé si fruto de la soledad actual, o fascinado por los análisis que hacen de las relaciones de pareja. He querido comprame DVDs para copiar su copia, pero Murcia teme el canon de la Sociedad, y he tenido que dar muchas vueltas...

Y bueno, muchas cosas sueltas, muchas más... Demasiadas. Tengo que atar algunos nudos. No pienso que el mundo sea un lugar concreto y definido, o que mi intelecto pueda definir y atar perfectamente.

Lo indeterminado existe, en la física cuantica, en la promesa del libre albedrio y en que nadie puede vigilar a todos los pájaros en todas sus ramas, y además dormir ocho horas...

Pero la ley de la gravedad no supone que las bicicletas se mantengan en pie sin pedalear, las personas no pueden vivir sin dormir, y los problemas se terminan solucionando, porque las crisis son solo transiciones entre estados.

Y me voy a tomar un café que tengo sueño. Si os aburrís leeros el cuento del post anterior, necesito criticas. Cuidaros mucho y no paseis calor.

Buenas noches...