martes, mayo 01, 2007

Tiempo






































Tiempo.

Durante años era cuestión de matarlo, o disfrutarlo, según las circunstancias.

Matabas el tiempo esperando a alguien, o pensando en matar el rato en una tarde lluviosa podías terminar disfrutándolo al descubrir en el estante "la isla misteriosa" de Julio Verne.

Visto ahora desde lejos, ambas actitudes son bastante irrelevantes. No porque trascienda totalmente estos intentos tontos de manipular el tiempo. Estoy estos dias encerrado en casa, estudiando e intentando estudiar Fisiología. Tengo un taco de apuntes, otro mucho más grueso de exámenes tipo test, y me voy dedicando a intentar memorizar y comprender las preguntas y respuestas. Me habían contado mis compañeros que el volumen de materia del examen, para estudiarlo de la manera habitual es tan grande que resulta imposible.

Ahora me arrepiento de no haber conseguido una fotocopia del libro - no lo compraría ni borracho, cuesta 120€- y haberlo estudiado de la forma habitual, dedicándole el tiempo preciso. No puedes guiarte siempre por por los patrones mentales de los demás, sobretodo en temas tan subjetivos como el tiempo. Aunque probablemente sea más fácil aprobar estudiando la base de datos de preguntas tipo test de los últimos ocho años. No dejan de repetirse.

Pero volvamos al principio. El tiempo.

¿Puedo matarlo? Una frase latina dice refiriéndose a las horas, "todas hieren, la última mata"

El tiempo sigue ahí tras matarlo todos algún rato, de modo que no hemos tenido mucho éxito. Podemos buscar ocupaciones más agradables aunque intrascendentes para que pase más rápido de manera subjetiva. Pero en realidad lo que hacemos es abstraernos. Del mundo, o peor mejor, de nosotros mismos. Tengo que entender que alguien que no se sienta cómodo consigo mismo o que tema al aburrimiento necesita entretenerse sea como sea. Si no tendrá que soportar la más terrorífica e insoportable de las visitas. Su propia conciencia.

Si tememos a nuestra voz interior es porque no somos felices, porque hay cosas dolorosas o desagradables que pueden ascender y alcanzarnos. Quizas corremos el riesgo de observar con detenimiento nuestra vida, nuestro mundo. Nuestras acciones. Y tememos el juicio de ese testigo cruel que llevamos dentro.

Es irónico que tanta gente trabaja y vive para poder pagar el modo de matar el tiempo, de no vivir, al menos en plenitud.

¿Porque hablo de plenitud? Digo vivir plenamente por en lugar de abstraernos de nosotros mismos y del mundo, intentar saborear el tiempo, hacer que pase a su ritmo, algo despacio. Si somos capaces de mirarnos en ese espejo y no sentirnos mal, habremos ganado mucho. En lugar de huir del tiempo, lo tendremos a nuestro lado.

No miraremos atrás y nos parecerá que todo fue un suspiro, que veinte años no es nada. Porque os digo que veinte años tardan en pasar veinte años, dia a dia, incluso segundo a segundo. Y no disfrutarlos todos me parece igual despilfarro que tener ante tí mil copas y no probarlas al menos. Tropezar con miles de personas y no conocer realmente a ninguna.

No se con absoluta seguridad -aunque tengo mis opiniones- si esta vida o cualquier otra tiene sentido. Pero no intentar descubrirlo es como comprar entradas y no ir al concierto. No estoy en contra de novelas, vídeo juegos, solitarios y culebrones. Pero son solo una opción, una parte de la manzana. Una muy pequeña. Quizás ese trocito del tallo. Quizas si vuelves a morder la vida encuentres otra parte más sabrosa, más dulce.

Y no le tengas miedo a los gusanos...