viernes, julio 25, 2008

Nomadas y mentiras



Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad,
en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados,
entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan.
Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo
la encontrarás,
la encontrarás
al final de tu camino.

Largo el tránsito de la aparente dualidad,
la lluvia de Septiembre
despierta el vacío de mi cuarto
y los lamentos de la soledad aún se prolongan.
Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento,
y me iré
de la ciudad,
esperando un nuevo despertar.

Los viajeros van en busca de hospitalidad,
en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad,
y después duermen sobre las almohadas de la tierra.
Forastero que buscas la dimensión insondable,
la encontrarás
fuera de la ciudad,
al final de tu camino.

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Ser Nómada por unos dias me ha acercado de nuevo a esta canción de Battiato. Canción que nunca ha estado muy lejos y he canturreado por aquí y allá los últimos veinte años.

En ocasiones hace falta beber mucho de una fuente para entender que se está bebiendo. Eso es lo que me pasa con la obra del italiano, y en concreto con dos canciones "Nómadas" y "La sombra de la luz". Ese es el magnetismo que me ha tenido y tendrá tanto tiempo con esas letras en el fondo del subconsciente. No hay mayor atracción que la del misterio, la de las verdades reveladas a medias o el color pardo que toman todos los gatos de noche.

Mientras, siguen sonando en mi mente las notas y siento un impulso constante pero creciente, como una marea o una fiebre, de volver a partir.

Esta es la mentira que me he contado estos días. Que estaba contento de volver, que no ningún problema o pena por volver al escenario cotidiano.

"Dime de que presumes y te diré de que careces" que habría dicho Sancho Panza sin pestañear. Y ese es el sentimiento que me alcanzó ya por tierras castellanas. La sensación de libertad del peregrino. El disfrutar de las cosas que te vienen, de la sencillez y certezas de recorrer el camino. Y cosas pequeñas pero inestimables como dormir en el campo o en un parque, o depender solo de las cuatro cosas que llevas en la mochila.

Así pues, estos días estoy atascado, torpe, como cuando he vuelto de hacer un retiro a las montañas. Como entonces, estoy pasando unos días en que solo deseo dormir, u olvidarme del mundo, o las dos cosas.¿Porque me cuesta tanto volver?

Supongo que si conociera la respuesta hablaría de otras cosas. Mientras lo descubro, voy acostumbrándome de nuevo a la vida cotidiana. Sin embargo, como una melodía insidiosa, mi memoria de esa sensación de libertad sigue perturbando mis días.

No se que noche, aprovecharé que aún camino con ligereza y subiré el saco y el aislante a algún monte cercano a mi ciudad, y allí intentaré recordar a que saben la noche y el cielo, como era esa libertad.

Mientras estoy aquí. Viviendo.