martes, febrero 28, 2006

Bibliotecas, virtuales

















¿Habeis soñado alguna vez con tener una gran biblioteca?

Yo sí. Durante la mayor parte de mi vida tuve ese sueño. Gustaba de buscar libros, comprarlos en las ferias del libro, en las liquidaciones y saldos, e incluso alguno en librerias.

Libros en rustica, ediciones antiguas de papel ya rojizo, colecciones con nombres de periodicos, todos se iban acumulando, extendiendose en linea recta, a lo largo y lo ancho de estanterias.

Recuerdo el raro orgullo que me sentí cuando mis libros, no los de mi padre, se extendieron tanto que no cupieron en los muebles de los que disponia mi habitación. Los coloqué en horizontal, luego detras de los primeros, y finalmente mi padre compró unas estanterias, con lo que llegamos - mis libros, yo- al techo.

Mi biblioteca sufria hemorragias al prestar libros a amigos de fiable amistad pero dudosa memoria, al llegar cumpleaños en el que el regalo perfecto era el libro perfecto. Otras veces unas navidades o un golpe de suerte traia una joya, un libro largo tiempo soñado, casi leido en la imaginación. O un texto ya conocido pero que podia incorporar a mis posesiones.

Y así años y años.
Me independicé, de manera brusca. Muchos libros quedaron allí, algunos se fueron recuperando. Recuerdo que solo le robé a mi padre -bibliofilo muy irregular- dos libros pequeños e imposibles de encontrar. "Las encantadas" de Melville, y "La historia Cómica de los imperios y estados del Sol" de Cyrano de Berguerac. Los conservo ahora muy cerca.

Empiezo a citar títulos de libros, y me vienen a la cabeza muchos, buenos y malos. Con ellos podria glosar mi vida, mi memoria. De hecho, asocio fuertemente lugares donde he leido muy intensamente con lo leido, especialmente algún banco de parque, donde he leido -vivido- aventuras y tristezas, alegrias y sorpresas.


Hace un año llegó un momento de cambio vital, en el que tuve que mudarme a un cuarto en un piso compartido. Catorce cajas de libros fueron a casa de un amigo, un biblioteconomo, un profesional de los libros con mucho espacio.

Me quedé con libros de consulta, historia, poesia, algunas fijaciones personales, algunos comics y ya está... Apenas dos estanterias.

Y eso me hizo pensar que estaba acumulando cosas, creandome una carcasa, y que podrian producirse cambios aún mayores, y que quizas la proxima vez solo podria llevarme una docena o menos, quizas un par de viejos amigos.

Y tambien pensé que una biblioteca digna son 12.000 a 20.000 ejemplares, y nadie, nadie, puede leer tanto. Y tampoco tiene sentido acumular por el mero empeño de crear una montaña más grande.

Así que decidí liberarme.

La única biblioteca importante está en mi cabeza. Allí se codean juntos Long John Silver e Isaac Bashevis Singer, Dunsany y William Ashbless. Sobre los libros crecen enredaderas de sentimientos y afectos, y alimentan un sotobosque de pensamientos y opiniones. Están conmigo, y forman parte de mí, tanto como mis recuerdos del colegio o mis primeros besos.

Ya no Compro libros. Los adquiero para regalarlos, que es un placer, para compartirlos. Cuando necesito un libro, si no es suficiente sacarlo de la biblioteca municipal o bajarlo de Librodot, lo compro.

En la Historia Interminable, Bastian se preguntaba que ocurria dentro de los libros cuando nadie los leia, que ocurria con las tormentas, los piratas, las batallas y las ciudades. Mirad en vuestra cabeza, recordad vuestras películas, novelas, cuentos o historias favoritas.
¿Os dais cuenta? Eso es lo que ocurre...

2 comentarios:

Tona dijo...

La verdad es que tienes toda la razón. Leer es como introducirse en otro mundo, como un alto en nuesto camino, a veces demasiado acelerado. Aprendí mucho de Daniel y su cementerio de los libros olvidados en La sombra del viento. Y me encantaría que ese lugar existiera, para perderme tantos momentos en los que una desearia desaparecer sin ser encontrada.

Un abrazo,

Marta

J..J.. dijo...

yo no tengo tantos, pero de jovenzuelo eran tb mis compañeros, les pasaba la mano por el lomo, me gustaba verlos ahí, acompañándome en mis desventuras.
Ahora llevan más de tres años en cajas y ya voy teniendo ganas de liberarlos.. croe que por fin tendré un huequito para ellos.
JJ.