miércoles, mayo 10, 2006

El baron de Munchausen
































Ayer colgué en mi cuarto, en un momento de melancolia, el poster que guardo de "las aventuras del Baron de "Munchausen"

No he visto la película de Terry Guillian, aunque vuelve a estár en mi agenda. Mi relación con el barón es sin embargo larga y calida. De niño le conocí como el Barón de la Castaña, luego vi la película alemana sobre sus aventuras, y años despues me compré el libro de sus aventuras, un libro breve con fabulosas ilustraciones de Doré.

No he visto la película. Tengo el cartel desde que hace una decena de años lo encontré al lado de la cartelera del cine de verano. No soy coleccionista de carteles, pero ese tenia algo especial. Lo puse en una pared, me lo llevé al independizarme, y tras muchos años de olvido y tropezar con él en los armarios, me saluda con donaire cuando me despierto o me levanto de mi escritorio.

El barón es alguien especial. Un militar y diplomático de carrera, lleno de logros y hazañas. Un galante seductor, de ingenio y talento extraordinario. Un cazador extraordinario y sobre todo un viajero infatigable.

El barón lo hizo todo. Recorrió todo el globo y visitó la Luna tras trepar por una mata de judias. Viajó bajo el mar cabalgando un pez y dentro del vientre de otro. Viajó por el cielo a lomos de una bala de cañon. Eso es lo más facil de contar. El resto de sus aventuras, decenas, son tan extraordinarias como pueda imaginarse.

Triunfó siempre no permitiendo nunca que la verosimilitud o la lógica mandaran en sus aventuras. Tras saltar un rio y caer al agua con su caballo se cogió por la coleta asi mismo, se levantó en peso y con caballo y todo se llevó a la orilla. Descendió de la luna atando bajo sí mismo los trozos de cuerda que cortaba de la parte superior de su soga, para poder seguir bajando. Las notas que tocó en su corneta se congelaron por el intenso frio, y la corneta rompió a tocar sola en la calida posada, por haberse descongelado las notas junto al fuego.

Y así miles de detalles. El barón, que existió realmente, no se dejaba limitar por la posible o probable. Era en sus anecdotas un fabulador, o mejor dicho, alguien que contaba mejores historias que la vida cotidiana.

Los relatos del baron empezaron en las tertulias que con unas botellas de vino, hacia con sus amistades. Cuando los relatos escaparón de su casa, el barón calló. Era demasiado tarde. Las historias tenian tal vida que pueron publicadas, reescritas y vueltas a publicar. Así nació el Barón que conocemos. Un ser fantastico, capaz de todo, porque no reconoce que halla algo que esté fuera de sus talentos.

Durante muchos años encontré en la rebeldia a las leyes - las de la lógica, la cordura e incluso de la gravedad- un extraordinario alivio a la opresión de una realidad que se me acababa haciendo pequeño, asfixiante.

Ahora me siento más cómodo con el mundo. He ampliado los límites de lo que puedo hacer, de lo que es posible, empujando esas fronteras hasta que he conseguido espacio para ser el de hoy. Espero seguir descubriendo cada dia mis verdaderos límites, que estén jornada a jornada más lejanos, que sean más los posibles y menos los miedos.

Quizas algún dia, yo, tú, seamos capaces de hacer cualquier cosa, porque hallamos olvidado que era imposible.

3 comentarios:

Diego Sevilla dijo...

Premio al mejor post que he leído últimamente. Comparto tu culto al barón. Para mí también fue un descubrimiento, hasta el punto de ser el primer libro que leí de la biblioteca pública de mi ciudad. Me parece muy interesante lo que has escrito, y tu conclusión.

Sí, es de mentira, todo lo que se cuenta es mentira, pero el vano deseo de parecernos en la vida real lo más posible a ese incansable irreverente hace que llevemos una vida más completa.

Un abrazo,
diego.

Javier dijo...

Ayns, un libro que nunca me acuerdo de leer y una película que nunca recuerdo que debo buscar... lástima que me pase lo mismo con tantas cosas. Excelente el post, me han entrado unas ganas de leerme las aventuras del Barón que ni te cuento.
Por cierto, y a riesgo de resultar "quisquilloso", una pequeña corrección ortográfica: en un par de ocasiones has escrito "halla" (de "hallar") en vez de "haya" (de "haber"). Hubiese preferido mandártelo al mail, pero como no lo he encontrado...

Carlos Rodríguez dijo...

Enhorabuena M.A.