martes, marzo 04, 2008

La larga marcha























Pasaron los exámenes y me quedé absorto, como un niño en verano.

De pronto libre. No más exigencias para ayer, poder disfrutar de algunos dias libres o solo tener que trabajar, y el sol...

Y me encontré así, libre. Mi chica ocupada, mis amigos liados, yo mismo sorprendido. ¿Que harías tu en ese caso?

Dormir, leer, beber unas cervezas, comer un día y otro en los parques porque no recuerdas el picor del sol. Quedar con algún amigo casi perdido. Ver películas atrasadas. Salir a la montaña, volver a tomarte unas cervezas, dormir, pasear... Ver las series que nunca había podido ver. Volver a tomar unas cervezas, que ya no saben tan bien.

Y al final no saber bien que hacer. Supongo que es la falta de entrenamiento para el ocio. Y tampoco se si mucho ocio es bueno. Conozco gente que tiene mucho tiempo libre y se toma muchos cafés y mantiene las mismas conversaciones cada día. A mi el café me sienta mal, y ahora tengo poca gente con la que tenga cómodamente las mismas conversaciones varias veces.

Al final, entre que las fechas empiezan a apretar y que no estaba satisfecho, he vuelto a ponerme en marcha. No es necesariamente ponerse en marcha y formación. Ni cavar zanjas. Pero he vuelto a empezar a hacer las cosas que tenia pendientes.

He vuelto a meditar, a dormir siete o más horas, a montarme salidas al monte por mi cuenta, a pensar lo que leo y a pensar mucho menos, incluso he vuelto a este blog. He tomado de nuevo el personaje, el avatar, aunque cada vez lo veo menos imprescindible, menos maravilloso. Pero toca ponerse a buscar de nuevo. Soy como un personaje de una vieja serie, un doctor Kimbale, o Bruce Banner, o incluso el Equipo A, obligados siempre a caminar, a mantenerse en movimiento. Si al final del capítulo aparecía para el personaje un hogar, un lugar donde quedarse, las sirenas de la policía o de los militares le recordaban cual era su lugar, su autentico hogar.

El camino.

6 comentarios:

Lughnasad dijo...

Sigue poniéndote el disfraz de contador de historias, ¡te/nos sienta tan bien!
Un saludo y bienvenido a tu casa.

Ashbless dijo...

Gracias.

El narrador de historias está siempre cerca, solo hay que sentarse conmigo en un sofá, una alfombra, una escalera o dar un paseo. Incluso parar en este blog.

No se lo que durará el blog, pero las historias parece que van a estar un rato largo.

Un abrazo

Dvd dijo...

Confío en que esos exámenes arrojen felices resultados. El esfuerzo lo ha merecido.

También puedas ocupar hasta el último rincón del repentino ocio sobrevenido que ha dejado un poco vacía la estantería de las tareas habituales.

Un abrazo.

Glauka dijo...

qué bueno, Ashbless, me he sentido muy identificada...estuve los dos últimos años estudiando una oposición, sin dejar el trabajo, acabé en diciembre...me pasó esto que cuentas los primeros días!!!bueno, ni siquiera los primeros días...en aquellos días yo creo que no podía ni valorar lo que estaba pasando, había sido todo tan duro... es genial, aún sigo sorprendiéndome con esta sensación tan maravillosa de no estar bajo presión, al menos y de tener tiempo para mi!!!! y bueno, aunque tenía actividades "aparcadas" como clases de danza, voluntaria en un polideportivo, en fin, que me he asilvestrado, no soporto ninguna disciplina siquiera horaria, incluso con las cosas que me gustan!!! yo creo que es una reacción de tanto tiempo sin un minuto!!! pero supongo que luego volvemos a nuestro centro de gravedad...:)

un abrazo y gracias!!

Ashbless dijo...

Un fuerte abrazo DVD.

Es estupendo tener señales de tí, esta semana ha sido tan complicada que no he visitado el blog.

Las tareas habituales han avanzado, aunque poco. Son como los revoltijos de frutos secos. A poco que te disgusten los garbanzos descubres que todo lo que queda lo son.

Pero vamos avanzando. Es precisamente ante el miedo y el disgusto ante lo que debemos ser capaces de reaccionar y movernos.

Un abrazo

Ashbless dijo...

Volvemos siempre a nuestro equilibrio.

Lo del asilvestramiento me parece genial, no creo que halla un modo mejor de describirlo. Yo lo veo como una manifestación de ese espíritu lúdico que hay en nosotros, que tras sufrir una disciplina demasiado rigurosa, se desata y no conoce límites. Que lo disfrutes, pero vuelvas tambien al equilibrio del que me hablabas.

Un abrazo