lunes, enero 28, 2008

Las estatuas, de Enrique A. Imbert





















En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso.

Cierta noche -todo el colegio, dormido- una estudiante traviesa salió a escondidas de su dormitorio y pintó sobre el suelo, entre ambos pedestales, huellas de pasos: leves pasos de mujer, decididos pasos de hombre que se encuentran en la glorieta y se hacen el amor a la hora de los fantasmas. Después se retiró con el mismo sigilo, regodeándose por adelantado. A esperar que el jardín se llene de gente. ¡Las caras que pondrán!

Cuando al día siguiente fue a gozar la broma vio que las huellas habían sido lavadas y restregadas: algo sucias de pintura le quedaron las manos a la estatua de la señorita fundadora.

4 comentarios:

Sluagh dijo...

Para una señorita, aunque sea una estatua, la reputación es lo más importante XD

QUé pena que en flickr no aparezca el título de la escultura...

Ashbless dijo...

Cierto... Es bastante divertido, no te parece? Respecto a la foto, solo pone el museo donde se halla.

Si tienes tiempo, busca sculpture o statue en Flickr. No lo lamentarás.

Besos

Lughnasad dijo...

Precioso relato. Lástima que las dos estatuas no se largaran del colegio para vivir su pétreo amor lejos de miradas indiscretas...

Calle Quimera dijo...

Qué bonita historia... Una vez leí que un escultor griego hizo una vez una estatua femenina tan hermosa que se enamoró de ella, y tan fuerte resultó ser el sentimiento que concibió que el calor de su amor consiguió darle vida a la estatua. Quién sabe... Quizás hay algo que ignoramos sobre ellas.. :-)

Besos.